Aikido

Aikido

Hay muchas formas de definir el Aikido, para nosotros es un arte en movimiento, su belleza está en su naturalidad, tanto del propio movimiento, como el de armonizarlo con el compañero.

Al cambiar de lugar de practica nos encontraremos con nuevos practicantes que lo miran, lo practican con nuevos ojos, otro enfoque, no tiene fin, y como arte sigue creciendo.

La primera interpretación y donde se fundó es en Japón, por Morihei Ueshiba, un guerrero de su época que transformó las artes marciales tradicionales en un arte de conseguir defenderse sin hacer daño, lo que se conoce como el arte de La Paz, el Aikido.

El Aikido se expande gracias a su hijo Kisshomaru Ueshiba, quien lo estructura y los descubre al mundo de una manera occidental, el Aikido se adapta a todas a las edades y culturas y aún a pesar de su relativa reciente creación ya es practicado en todo el mundo.

Hoy en día es Moriteru Ueshiba quien está a cargo de mantener los principios básicos del Aikido, no sólo en Japón sino a nivel mundial.

Por supuesto la propia práctica del Aikido es lo más importante pero aún lo es más el enfoque que le demos a esa práctica, como practiquemos, con que metas, con qué sensaciones, y respetando los fundamentos del Aikido, espíritu, compañero que nos ayuda a crecer, a nivel técnico: el espacio, el momento, el encuentro con el compañero, sentir cada movimiento, la conexión, el desequilibrio, la diferentes caídas dependiendo de la técnicas y nuestra búsqueda personal.

 

Fundamentos del Aikido:

  • La constancia en mantener el espíritu motivado como al principio.
  • Mantener vivo siempre el interés de seguir aprendiendo a través de la práctica, día tras día en el Dojo.
  • Son muchos los senseis de Aikido que hoy en día forman parte de nuestras vidas, su carácter, su personalidad y las sensaciones recibidas en sus clases, quedan marcadas en nuestro corazón y en nuestros cuerpos al haberles tomado ukemi.
  • Cada sensei, su técnica, su forma, se adhiere a nosotros, su búsqueda se vuelve nuestra búsqueda, su estudio, dedicación, pasión nos son transmitidas a veces incluso por encima de la razón.
  • La sinceridad en la práctica, en el ataque en el ukemi, como respeto a lo que amamos, hacia nosotros mismos, cuando hagamos algo que sea honesto y humilde, cuando digamos gracias o buenos días que sea de corazón. Como nos comportamos en el tatami como fuera de él.
  • La sencillez es fundamental, si intentamos complicarlo podemos perderlo todo. Igual que para entrar en meditación debemos hacer callar a nuestro cerebro y olvidar sus razonamientos y opiniones dudosas.